sábado, 26 de junio de 2010

América pide asilo político a Venezuela


Por: Alejandro Marín
Fecha de publicación: 25/06/10

Conocí a América cuando organizábamos talleres para la comunidad de Atenco en la Ciudad Universitaria. Se hacían caravanas, es decir, viajes desde el Distrito Federal hasta la localidad de San Salvador Atenco, allá en el Estado de México. Muchos estudiantes y otros grupos solidarios asistían cada periodo vacacional para brindar apoyo a este pueblo que nos había dado una lección de dignidad, resistencia y arrojo. Una lección de Historia.

Ella asistía al Auditorio Ho Chi Min de la Facultad de Economía en el cual se organizaban las asambleas estudiantiles para la discusión política. Desde ahí se planeaba, entre debates teórico - filosóficos sobre lo que llamábamos la realidad política del país, nuestro papel activo en la lucha social.

Los debates llegaban a ser muy acalorados y los ánimos se alzaban brotando la energía juvenil entre las ganas de cambiar de una vez y para siempre al país en el que nos tocó vivir.

La Huelga por la defensa de la gratuidad de la Educación que culminó con más de mil presos tras la entrada del ejercito federal a las instalaciones universitarias en el año 2000, ya nos había enseñado mucho y algunos todavía sentíamos que el trabajo, a pesar de la cárcel, estaba inconcluso. Esos días de cárcel se han quedado en la piel.

Desde esa misma universidad se organizaban las jornadas de solidaridad con el digno Pueblo de Atenco.

En 2001, el Gobierno Federal mexicano pretendió construir el nuevo Aeropuerto Internacional para la Ciudad de México en Atenco, pero los pobladores, campesinos todos ellos, lo impidieron mediante un movimiento de resistencia civil que obligó al gobierno a suspender definitivamente la construcción.

En 2006, el Gobierno Federal, el Estatal y el del Municipio, atacaron al pueblo de Atenco tras intensas jornadas de resistencia con una brutal represión y terrorismo de estado, que dejo muertos, lesionados, vejados y torturados, y hasta la fecha, 12 presos políticos. Mujeres agredidas sexualmente durante el traslado desde el lugar de los hechos hasta el juzgado, viajes que en algunos casos irregularmente duraron varias horas.

Fue cuando al lograr escapar, América no tuvo más remedio que la clandestinidad. Su padre ha sido condenado a 112 años por defender la tierra. Otras compañeros sufren la misma suerte.

Con sus cartas ha dado señales de vida, de activismo, de resistencia y de apoyo a favor de las luchas que han venido enarbolándose desde entonces. Sus mensajes escritos han sido leídos en múltiples mítines y plazas, la gente congregada escucha con atención sus palabras.

América jóven, muy joven aún, tras cuatro años de clandestinidad ha decidido pedir asilo político a la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela. Por fin supimos de su paradero, dice algún estudiante, a unos días de que la Corte emita su fallo sobre los amparos de los presos políticos de Atenco, ante el cual muchos sabemos ya la respuesta.

A la Embajada en México le toma por sorpresa el arribo de América del Valle como a muchos de nosotros, pero sabemos que el ejemplar pueblo de la Venezuela Bolivariana extenderá su largo brazo hasta México. En otras épocas Don Rómulo Gallegos, Don Andrés Eloy y otros, muchos otros de esta grande patria y de otros continentes encontraron cobijo en tierras mexicanas ante persecuciones políticas. Hoy, la palabra es de ustedes.

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