martes, 9 de septiembre de 2008

"No rotundo" a los planes de Marruecos


http://www.rebelion.org/noticia.php?id=71942

29-08-2008

La ONU recorta su ayuda alimentaria a «modo de presión»

"No rotundo" a los planes de Marruecos

Ainara Lertxundi
Gara

La vida en los campamentos de refugiados de
Tindouf es ya de por sí difícil. Cuando el
visitante sube a uno de los tantos todoterrenos
que lo esperan para conducirlo al corazón de los
campamentos, entra en contacto con la arena del
desierto, no de la playa, las jaimas de lona y
esas pequeñas casas con techo de uralita, y el
siroco, ese viento que golpea en la cara y que,
en estos meses de verano, se ha convertido en un
gran enemigo de los saharauis. Bajo la sombra,
prácticamente inexistente, habrá unos 52 grados
centígrados. Al sol, es imposible calcular hasta
dónde asciende el barómetro, subraya Fatma
Mohamed Salem, delegada del Frente Polisario en
Euskal Herria con quien GARA ha conversado sobre
la situación en los campamentos y el proceso de
negociación con Marruecos bajo auspicio de la ONU.
El fuerte calor y la falta de medios están
provocando la muerte diaria de entre dos y tres
personas, la mayoría bebés y ancianos. Ya se han
registrado además tres casos de muerte súbita en
personas de entre 38 y 40 años mientras dormían
la siesta.
«La situación es bastante difícil, por no decir
mala. Por mucho que uno lo explique desde aquí
-Euskal Herria-, es imposible imaginar que allí
ahora no se puede vivir de día. Añadido al calor,
todas las noches ha habido siroco, viento con
arena, por lo que no puedes dormir fuera y si
entras dentro de las jaimas o las edificaciones
de adobe con techo de metal, te asfixias. La poca
brisa que hay es como si fuera un soplete. Parece
que se corta el oxígeno. Te asas. Es la temporada
en la que más sufre el pueblo saharaui el exilio
y en la que, en paralelo, uno menos entiende la
pasividad de la comunidad internacional. Y, lo
peor, es que no ignoran esta situación», critica.
Si en occidente, los médicos y campañas
mediáticas hacen especial hincapié en la
necesidad de beber mucho líquido, especialmente
agua, para combatir una ola de calor, esta bebida
es casi un lujo para los refugiados saharauis.
«El agua llega en cisternas transportadoras y no
alcanza. Si se avería, por ejemplo, una pieza que
necesita recambio, ya se fastidia toda la
cadena», destaca.
Proceso de diálogo y el papel de la ONU
Por si esto fuera poco, organismos de la ONU como
el ACNUR y el PAN han recortado su ayuda, lo que
se traduce en bastante menos cantidad de arroz,
harina, azúcar y aceite, entre otros productos
básicos.
A la pregunta de a qué se debe este recorte,
Fatma responde que este tipo de restricciones
siempre se dan cuando hay un proceso de diálogo o
posibilidades de iniciarlo. «Ellos responden con
recortes y restricciones para presionarnos»,
denuncia.
«Pero, si hemos sobrevivido durante 30 años en
esas pésimas condiciones y, desgraciadamente,
hemos adquirido muchísima experiencia en materia
de supervivencia, podremos sobrevivir sin nada.
Te puedo asegurar que vivir dependiendo de otros
económicamente es muy muy desagradable. Pese a
todo ello, no nos vamos a doblegar bajo ningún
concepto», incide.
«Sabemos por lo que luchamos y estamos
convencidos de que tenemos la razón. A diferencia
de Marruecos, que está perdiendo dinero y
personas por algo que no es suyo, nosotros
luchamos por nuestro país y una solución
pacífica. No pedimos nada extraño, sino el
derecho a decidir», enfatiza.
Llegados a este punto, recuerda la deuda
histórica que el Estado español tiene con el
pueblo saharaui. Al presidente José Luis
Rodríguez Zapatero, gran amigo de Marruecos, y a
su Gobierno, les exige que «jueguen el papel que
les toca por esa descolonización no concluida».
Advierte que «las palabras no bastan. Nos
caracterizamos por tener mucha paciencia pero
todo tiene límites en la vida. Nosotros no
queremos ser españoles, ni marroquíes ni
argelinos. Somos saharauis y queremos volver a
nuestra tierra».
Esta reclamación choca con el planteamiento del
enviado de la ONU Peter van Walsum, que
abiertamente ha rechazado un Sahara independiente
en favor del plan autonomista de Marruecos.
Abiertamente ha dicho que «la independencia de
Sahara no es un objetivo alcanzable», lo que le
ha valido la recusación del Frente Polisario.
Para Van Walsum, «el empeño del Frente Polisario
en la plena independencia ahonda el bloqueo y
perpetúa el statu quo».
«Mira -reacciona Fatma-, como te decía al
principio, nunca hay que perder la esperanza y
prueba de ello es nuestra resistencia y aguante
ante la pasividad, injusticia, la falta de
interés y voluntad política. Hemos puesto toda la
carne en el asador para conseguir una solución
pacífica, justa y definitiva. ¿Sorpresas? Ya
estamos curados de espanto. La última, el papel
erróneo que ha jugado este señor. Nosotros no
vamos a incumplir lo acordado en la ONU, pero
tampoco bajaremos la guardia ni nos rebajaremos
tanto como para aceptar a Marruecos una
autonomía, que nos da risa. Para nosotros es una
burla que pretendan que la aceptemos».
La quinta ronda de negociaciones deberá comenzar
en otoño. Las cuatro anteriores han sido un
fracaso. El Frente Polisario se niega sentarse de
nuevo si Van Walsum sigue como mediador. Éste ya
ha dejado claro que no piensa desaparecer de
escena «como el enviado que ha violado su mandato
inclinándose por una de las partes».
A su entender, su cometido «no consiste en
establecer cuál de las partes tiene mejores
argumentos, sino en explorar con ellas cuál es la
mejor manera de superar el impasse», que él
achaca a los saharauis.
La dictadura alauí
Fatma no duda ni un ápice en definir al régimen
alauí como una dictadura. «Es suficiente con ver
cómo tienen a su país; pobreza, crisis económica
por mantener el `muro de la vergüenza', droga,
pateras, problemas políticos internos...
Pretender venderle a Occidente que es un país
democrático y que, tras cinco años de autonomía,
seremos independientes, es imposible de creer.
Decimos un no rotundo a vivir, después de 30
años, bajo bandera marroquí», reitera enérgica.
«No vamos a tirar la toalla porque si en 1975,
sin tener un Ejército propio ni militares,
pudimos resistir 20 años de guerra con Marruecos,
que nos supera en cantidad, formación y
equipamiento militar, y pudimos recuperar parte
de nuestro de territorio e, incluso, entrar en El
Aaiún, ¿cómo no vamos a poder ahora vivir
luchando? Más que nunca. Y a esa segunda
generación que ha nacido en un país que no es el
suyo, ¿cómo le puedes convencer de vivir bajo
bandera marroquí, o de que esto se acaba? Si no
queda más remedio, por supuesto que volveremos a
las armas», destaca ante la posibilidad de
retomar la lucha armada.
Torturas en los territorios ocupados
Si la vida en los campamentos es difícil, vivir
en los territorios ocupados es «como estar en la
boca del lobo, sufriendo lo que nadie puede
imaginar; vejaciones, muertes, control las 24
horas, desapariciones, torturas, incluso con
corriente eléctrica a mujeres embarazadas. Hacen
tantas y tantas cosas que uno no las puede
asimilar hasta que no lo escucha de primera
mano», subraya.
Hamad Hamad es uno de esos tantos saharauis
torturados. Detención, puesta en libertad, otra
detención arbitraria, más torturas. La secuencia
no varía.
En uno de esos arrestos, explica Fatma, «le
pusieron una especie de esposas con tornillos. En
caso de que no contestes a lo que te preguntan,
te los van apretando más y más. Esos tornillos le
han dejado importantes secuelas en la columna».
Hmad ha viajado recientemente a Euskal Herria
para someterse a una operación de columna
vertebral e intentar paliar las consecuencias de
la tortura.
Sultana Jeillar, de 28 años, también está en
tierras vascas por los mismos motivos. En julio
de 2007 fue arrestada en El Aaiún. Su delito fue
participar en una sentada. En la cárcel, le
golpearon en la cara hasta que le reventaron un
ojo. A principios de año, salió en libertad
gracias a las fuertes presiones de organismos
internacionales. Ahora, muy lejos de allí, está
en tratamiento médico y da testimonio de lo que
ocurre en el interior de los territorios
ocupados, vetados para el exterior porque
«Marruecos no quiere testigos» y menos, si éstos
son incómodos.
«Si todo esto no fuera verdad o fuera una
política de difamación del Frente Polisario como
dicen, ¿por qué Marruecos no permite la entrada
de grupos de derechos humanos o comisiones
parlamentarias que viajan a Sahara ocupado?», se
pregunta.
«El muro de la vergüenza»
Otra de las caras visibles de la ocupación es «el
muro de la vergüenza» con sus más de 2.000
kilómetros de largo, y sus minas antipersona y
restos de bombas. «Su objetivo no es separar a
nuestras familias sino proteger las zonas
ocupadas con salida al mar. Hay que tener en
cuenta que el banco de pesca más rico del mundo
es el sahariano, y que también contamos con
yacimientos de fosfato, de petróleo todavía sin
explotar y otras muchas riquezas. Marruecos
controla esas zonas gracias a este muro», resalta.
Desde la delegación del Frente Polisario en
Euskal Herria, Fatma pide mantener viva la mecha
de la solidaridad y esa mano amiga «sin
intereses». Al mismo tiempo, se vuelve a
preguntar cómo es posible que en pleno siglo XXI
siga habiendo situaciones «tan injustas y tanta
pasividad ante ellas».

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